Es mi conciencia, compañera conciencia, una distractora de tu consecuente y constante advenimiento.
Cuando sucedes intento atraparte, no con mis manos sino con la maravillosa atención, y entonces huyes. Socavado por ello me pregunto ¿por qué te paras sólo detrás de mí? ¿o acaso no es así? Siempre que volteamos a observarte te desvaneces, casi sin rastro alguno de fulgor.
Logramos al rato pensarte, en parte, y notamos que en un momento te experimentamos completamente, pero cuando ponemos un ojo en ti, huyes. Y cuando lo haces siento entonces que me dinamité, que he destrozado mi entereza para encontrarte y lo único que me queda es que no te hallo, no logro encontrarte en ninguno de los trozos que quedan de mí.
En cambio, cuando te experimento, y no es fuera, sino como si observáramos juntos, es cuando encuentro grandes obras propias de la exaltación. Noto así, que no tiene mi lenguaje, que yo sepa, una palabra para ese estado en el que confluímos. Y no podría tampoco tenerlo, si lo tuviera lo banalizaría y destrozaría, como cuando intento tomarte con mi intelecto.
Siempre que te busco te muestras lejos, en el horizonte, como un viejo recuerdo. Es sólo cuando me olvido de tí o algo similar, que disfrutas alegre junto a mí y ya no se ve ese borroso horizonte, que nos encontramos inmersos en una especie de esfera desde donde se ven todos los puntos cardinales al mismo tiempo, si es que puede ser llamado así.
No te aguardaré entonces, no deberé voltear a buscarte ni hablaré glorias de ti. No tendré ansias de verte llegar ni te daré valor alguno si así me lo haces presumir. Te amaré, sólo te amaré como quien ama a su madre progenitora o a un ave volando, porque ese es mi veredicto en base a quien soy. Serás tú quien azote mis incongruencias con tu inherente advenimiento incesante.
20 de octubre de 2020
24 de mayo de 2019
Hay una urgencia
Hay una urgencia por rescatar la esencia y los valores solidarios. Hay una urgencia por refrescar a las personas del ámbito político que sólo persiguen ambiciones personales. Hay una urgencia por revivir la convicción de que el trabajo, en todas sus formas, es para con el otro y no para uno; que debe ser fuente generadora de herramientas que ayuden a trascender a los individuos en todas sus formas. Hay una urgencia de resolver si nuestras creencias, deseos, impulsos y convicciones personales son las únicas válidas, cual personaje mesiánico, o si el mero hecho de ser entre todos y para todos es más sensato. También, de saber si en el quehacer diario reivindicamos el tener, acumular, o el crear, progresar; de resolver en definitiva, si cada uno se salva a sí mismo o qué.
No quiero parecer, ni pecar, de ingenuo. Cada individuo debe ser responsable de cuidarse de las malicias que pueden existir, aquí jugará la perspicacia de cada quién. Tampoco quiero caer en una suerte de obviedad, sólo es que, a veces, nos vemos obligados a rescatar lo simple. Sólo creo que no debemos ser cínicos ante el amor. Descreer de la bondad y la sinceridad humana es degenerar en amargura, odio y resignación. Ésto resulta, a fin de cuentas, en desesperanza.
No quiero parecer, ni pecar, de ingenuo. Cada individuo debe ser responsable de cuidarse de las malicias que pueden existir, aquí jugará la perspicacia de cada quién. Tampoco quiero caer en una suerte de obviedad, sólo es que, a veces, nos vemos obligados a rescatar lo simple. Sólo creo que no debemos ser cínicos ante el amor. Descreer de la bondad y la sinceridad humana es degenerar en amargura, odio y resignación. Ésto resulta, a fin de cuentas, en desesperanza.
24 de septiembre de 2018
Una flor solitaria en medio del camino se erguía vigorosa. Sus cuantisiosos pétalos, algo peculiares por la inclinación hacia abajo de algunos, poseían una preciosa magnificencia por su vívido color blanco. Yo, iba cavilante, como de ensueño, imaginando paradasíacos paisajes o embravecidas batallas, y la flor de repente me distrajo. Con detalle, podía verle desde donde posaba y ¡tal fue mi sorpresa cuando experimenté algo jamás visto desde lo más hondo de mi alma! Una llama recorría desde mi estómago hasta mi pecho, haciendo arder hasta mi orgullo ¿Qué hombre ha de ser acobardado y avergonzado ante una mera flor?
18 de agosto de 2016
Cuando habíamos vagado
Tanto andamos desde aquel arroyo hacia la colina que nuestras piernas flaqueaban despavoridas. La grava a cada paso se
volvía más y más intangible pero caminábamos
anhelantes. Flotábamos ante aquel magnífico ocaso y vimos, de repente, cómo esos pasos ascendentes tornaban el suelo en un
gigante vacío de fondo infinito tan hermoso. Quizá, pensamos, las tierras y las aguas sí son nuestras.
27 de julio de 2016
Ven junto a mí, acompáñame
Hemos buscado debajo de las piedras, en el fondo y el largo de un arroyo. Hemos buscado también más allá de una colina, al fondo del camino que lleva y sigue al arroyo. Hemos también de buscar atrás del horizonte para ver cuánto tiene de profundo el infinito.
6 de junio de 2016
Acerca de Escribir
![]() |
| Hecho por jjpeabody http://www.deviantart.com/art/Glacier-613218085 |
Como escritor, al
igual que los demás sin dudas, me resulta extraordinario leer luego de un tiempo lo que he terminado de escribir. Pero extra-ordinario en su sentido literal. Es realmente un acto muy
significativo ya que, de todo lo escrito en la historia humana, leer se
puede leer cualquier cosa, pero leerse a uno mismo, a ese que alguna
vez fuimos, es sin duda extraordinario. Se puede sentir una extravagante
sensación de enajenación con uno mismo que extrapola a ese Yo con el que tan acostumbrados vivimos. Y mientras más nos leemos, más surgen nuevas preguntas sobre la propia persona
y la existencia. Se puede, por ejemplo, en una posible primera instancia, comenzar a reflexionar en la práctica de la escritura, en los tipos de textos que
nacen de la misma -el por qué- y en las emociones y pensamientos que
en el momento de escribir aquellos textos se hallaban en uno. Está claro que en
cada individuo sus preguntas son particulares y diferentes pero son reflexiones que surgen de querer
explicar lo que nace dentro nuestro, buscando quizá pruebas de qué carajo
hacemos viviendo. Cierto que algunos lo hacen y otros huyen de ésto. Yo creo que no hacerlo es similar a
caminar hacia una dirección sin saber por qué.
Hablar acerca de
escribir es irónico porque, a fin de cuentas, uno comienza a
escribir sin razones; comienza, como dijo Carmen Martín
Gaite, por rebeldía (sin saberlo probablemente). A fin de cuenta, los textos
son material del interior -sentimientos e ideas-; pensamientos hechos
letras. Y, a decir verdad, suena a cliché, pero no deja de
ser una valiosísima verdad absoluta. Escribir es entonces,
re-diciendo (no repitiendo xD), dado que otros escritores ya lo han dicho, detener el tiempo.
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Yendo por el costado de la escritura que versa sobre "su belleza" es sabido en el ámbito del estudio de las letras que a los
lectores en general les gusta más los textos con palabras
simples, oraciones cortas y pocas nociones abstractas. Es decir, está mejor visto el texto conciso, definido y no tan lejano a lo fácil de pensar. Ésto,
en definitiva, se debe a una mayor legibilidad y comprensión fluida
del texto y por ende es más fácil predecir o calcular lo que sucederá (es que, no sé por qué, inconcientemente nos encanta predecir y tener la
razón). Ésta simplicidad evita también retroceder en la lectura, tarea bastante
repudiada por los lectores, ganando así mayor aprecio el autor.
Es entonces, desde que los autores quisieron hacer de la escritura su
modus vivendi que ronda en sus cabezas el gran dilema de ¿escribo lo que me gusta escribir o me vuelco a obras con sintaxis de gusto común?
En lo que concierne
a mi forma de escribir, ésta se compone en su mayoría de frases
alegórica-metafóricas (no hago textos de gusto común, al
menos no aún) y me fascina porque allí, dentro de ella, se
encuentra mi verdad. Ya muchos sabrán que dentro de cada escritura se encuentra
la realidad de su autor, aún de manera inconsciente. Lo que uno
expone en letras de manera espontánea o no, incluso para aquel que
redacta un cuento ficticio, no es más que lo que uno tiene dentro y lo hace in situ.
Este blog, al igual
que la práctica de escribir, surgió de la nada y sin una finalidad
definida. Es quizá un intento de lanzar más allá lo que escribo o
de divertirme más luego de ya haberlo hecho escribiendo. Sentir algo
más. Pensar que para otro pueda significar algo es gratificante, aún
si nunca sucede. Porque todo lo que se lee es humanidad. El lector
que me lea leerá lo que, desde su punto de vista, otro ser humano
pensó y quiso expresar. Y lo bello de todo ésto es que cada uno lo
interpretará a su manera, más cerca o más lejos de la verdadera
esencia del texto, así como aportará en sus vidas algo distinto.
Eso es lo bueno acerca de escribir. Y aunque sea yo un escritor
esporádico sé que siempre escribiré. Siempre hallo un retorno (tal
vez a la fuerza). Para terminar, insisto insisto en que, sucede que, así como toda forma de
expresión, éstas no se vuelven parte de uno sino que son uno
mismo.
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